miércoles, 15 de abril de 2009

¿Enseñar a aprender o aprender a enseñar?


Por lo general nos quejamos de todo, sí… de todo. A veces lo hacemos con razón y en otras oportunidades por complicados que somos. En ésta oportunidad he decidido quejarme (jajaja) y ustedes, amigos míos, me dirán si hay o no un poco de verdad en éstas palabras.

A medida que pasa el tiempo uno va sacando sus conclusiones y de la experiencia va aprendiendo. Quizás mi vida universitaria sea corta pero, éstos poco más de cinco años me han servido para afirmar lo siguiente: Es necesario cambiar la manera de “educar en el Derecho”.

Nuestra facultad ha mantenido, desde antaño, la misma manera de enseñar. Basta con asistir a una exposición para corroborar que la clase magistral sigue siendo el único método usado. Los docentes hacen culto a la repetición de normas o alguna opinión doctrinaria a pesar de que, en el plano ontológico, muchos autores (entre ellos Carlos Cossio) han logrado demostrar que el derecho no es tan solo una ley. No hay lugar al diálogo y en pocas oportunidades se ha incentivado la participación del estudiante. Esto sin contar que en los últimos años se ha percibido en el aire un humor raro que se ha manifestado en exámenes capciosos (preguntas cuyas respuestas no se encontraba en la bibliografía o que no tenían su razón de ser) y notas extrañas.

Es muy fácil echarle la culpa a la masividad, a la pasividad de los estudiantes (repito la palabra estudiante y me niego a usar la voz alumno), al plan de estudio y a otras tantas cosas. Pero, es necesario hacer una mirada más profunda y asumir, si esto fuera posible, que durante mucho tiempo se ha equivocado el camino. Señores, el centro de atención en una clase es el estudiante y no el docente. Hacia ellos se deben orientar los esfuerzos. El viejito de la foto nos enseñó que la verdad está en uno mismo y que la labor del buen maestro consiste en orientar al aprendiz hacia esa verdad.

Si queremos una Justicia modelo, abogados responsables, presidentes ejemplares, juristas destacados, es menester fomentar el espíritu crítico desde la raíz. De nada sirve repetir por repetir si luego, no podemos resolver problemas.

No se propone “un caos en el aprendizaje”. El orden es necesario en todas las facetas de la vida, pero se puede aprender a educar, potenciar la práctica y proponer una enseñanza dinámica sin violentarlo. Me gustaría participar de clases activas, donde el ir y venir de opiniones sea frecuente.

Amigos, si he encontrado algo verdaderamente acertado en los “apuntes de Guillo” es la siguiente afirmación: [en nuestra facultad] soplan nuevos vientos que levantan el polvo de nuestros viejos códigos.

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